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El Bebé de Rosemary cumple 35 años.

Por Miguel Cane para Milenio Diario 12-Junio-2003.
El 12 de junio de 1968, el celebrado cine Criterion de Nueva York fue la sede para el estreno de Rosemary's Baby, una muy anticipada película de terror producida (ya con sus últimos alientos) por el entonces casi agonizante estudio Paramount y llevando en el timón a Roman Polanski, quien había causado sensación en Europa y ahora tenía demasiadas expectativas puestas en él.
Del brazo de la impresionante Sharon Tate (con quien se había casado en enero de ese año), Polanski hizo su entrada a la sala y ocupó un lugar junto a su estrella, Mia Farrow -inmaculadamente drogada y en compañía de un pachequísimo Peter Sellers- para ver por primera vez con público una película que le había costado literalmente la paz de sus nervios.
Al apagarse la luz ninguno se imaginaba que iba a hacerse historia.
Cuando Ira Levin, un popular autor de comedias de Broadaway con oído impecable para los diálogos y un sentido del humor bastante agudo y siniestro publicó su segunda novela, El bebé de Rosemary, en el otoño de 1967, no se imaginó que había echado a andar un fenómeno que vendría a marcar géneros de literatura popular y cine comercial por décadas.
La historia de una ingenua ama de casa neoyorquina que se descubre víctima de un complot en el que participan su marido y sus vecinos, venerables ancianos aparentemente inofensivos que resultan ser unos brujos siniestros, llegó al tope de las listas de best-sellers y llamó la atención de un hombre llamado William Castle. Conocido como el rey del truco barato en lo que a cine de bajo presupuesto se refiere, Castle había logrado fama en los 50 con películas totalmente kitsch como 13 Fantasmas, Grita, grita hasta morir y Macabre, por citar algunas.
Aunque de mejor presupuesto que las realizadas por otra leyenda, Roger Corman, las películas de Castle eran básicamente "vaciladas" con actores de segunda y una estrella (Vincent Price o Joan Crawford) que se filmaban en tres semanas y tenían algún truco: venta de pólizas de seguro por "muerte por susto", o bien -la más terrible pero efectiva-; un aparato para dar toques que se escondía en algunos asientos de los cines y daban al pobre infeliz que tuviera la mala suerte de caer en uno de esos lugares, una fuerte descarga eléctrica en salva sea la parte.
Cuando Castle compró (por cincuenta mil dólares) los derechos de la novela de satanismo moderno escrita por Levin antes de que ésta se publicara, Bob Evans, entonces un joven y mercenario ejecutivo que trataba de sacar a flote a la Paramount, le preguntó si pretendía dirigir él mismo la adaptación al cine de la novela. Castle dijo que sí, y Evans le ofreció duplicarle el presupuesto para filmarla si a cambio, permitía que otro director se hiciera cargo de la historia. Castle hizo un tango de ida y vuelta, pero finalmente aceptó: un mejor presupuesto significaba actores más conocidos y una mejor distribución y más publicidad, ergo, mejores ganancias. Sin saberlo, así produjo la única película decente de su carrera.
Polanski era muy joven entonces (apenas 34 años) y desde su debut con Cuchillo en el agua (1962), uno de los directores más celebrados del viejo continente, donde junto con gente como Resnais, Godard, Truffaut, Bertolucci, Karel Reisz y Tony Richardson, había comenzado una revolución del cine. Evans había visto el espectacular tour de force de la bella y glacial Catherine Deneuve (convertida en el monstruo más hermoso del mundo) en Repulsión y estaba convencido de que para contar con la sutileza debida la historia concebida por Levin (a quien se le ocurrió para contarla en paralelo al embarazo de su esposa), se necesitaba a un director que fuera capaz de hacer algo como eso.
Además, Polanski estaba de moda pero no era tan "carero" como los otros directores del momento en Hollywood, así que lo buscó y le propuso hacer un proyecto juntos. Cuando Evans le ofreció Rosemary's Baby, Polanski se mostró suspicaz. "Primero pensé, ¿qué es esto? ¿Una soap opera? Al cabo de quince páginas ya no pude parar de leer y a la mañana siguiente le dije, está bien, hagámoslo."
Dada la popularidad de la novela, encontrar un elenco adecuado no fue muy simple, y mientras Polanski realizaba una fiel adaptación del libro (los diálogos son tomados palabra por palabra e inclusive los esquemas de color son iguales a los descritos en la novela) un quién-es-quién de los jóvenes actores actrices se dio cita en su oficina: el estudio quería reunir a Jane Fonda y Robert Redford, pero ésta tenía compromiso de filmar Barbarella en Francia para su entonces marido, Roger Vadim, mientras que Warren Beatty preguntó si él no podía hacerla de Rosemary.
Otras actrices como Candice Bergen, Tuesday Weld, Natalie Wood y Barbara Parkins mostraron interés en el papel. Jack Nicholson audicionó para el director, pero era poco conocido entonces. Sin embargo, estableció una camaradería con Polanski que los llevaría a filmar su propio clásico años después: Barrio chino (1974).
Fue gracias a Robert Evans que Mia Farrow llegó al papel que redefinió toda su carrera. Hasta entonces, la rubia veinteañera hija de Maureen O'Sullivan y el cineasta John Farrow, sólo había hecho una película y actuado en la exitosa (y sórdida para la época) telenovela nocturna Peyton Place: La caldera del diablo. Su principal fama le venía no por ser actriz sino por haberse casado a los 19 años, en 1966, con Frank Sinatra, quien era 30 años mayor que ella.
Frágil, delgadita, con cara de adolescente pecosa pero con mucho talento, Mia se puso en manos de Roman y permitió que éste la transformara en Rosemary Woodhouse: la típica muchacha americana, alguien con quien los espectadores promedio podrían identificarse de inmediato. Al leer el guión, Sinatra puso el proverbial grito en el cielo: ¿Su mujer desnuda? ¿Con otro hombre? ¿Y teniendo al hijo del diablo? Mia se vio en la disyuntiva de aceptar el papel que le daría credibilidad como actriz o aceptar la voluntad del marido que las más de las veces la trataba como una hija. ¿Resultado? En su camerino, Mia recibió la visita de un abogado de Frank, quien le hizo entrega de una demanda de divorcio.
Azotadísima por el repentino rompimiento con Ojos Azules, la Farrow se metió de lleno al papel y también a la terapia de canabina, por lo que fue facilísimo filmar con ella, ya que siempre estaba re dócil y "adoraba" a todo el mundo, como se puede ver ahora en el documental detrás de cámaras que acompaña la edición en DVD de la película. Al verla tan sacada de onda y aplatanada, Sharon Tate (quien aparece sin crédito ni líneas en una escena del film) decidió adoptarla por un rato y así el vínculo entre actriz y director se hizo estrecho, lo cuál benefició mucho a la película.
Mia creía ciegamente en Roman y cuando éste le indicó que, con la botarga de embarazada se lanzara en medio de la Quinta Avenida de Manhattan, mientras él la seguía con una cámara de mano, lo hizo encantada.
El Bebé de Rosemary es una cinta que se mete bajo la piel del espectador y se convirtió en un éxito de taquilla que salvó a su estudio de la ruina: su reputación provocó que por varios años surgieran "clones" suyos como El Exorcista, La Profecía o Centinela de los malditos. Ruth Gordon vio resurgir su carrera como actriz (y hasta un Oscar como mejor actriz de soporte obtuvo) por su interpretación de bruja maldita que resulta adorable, y Mia se convirtió en la superstar del momento.
Después del estreno, Polanski se encontró en la cúspide de una ola de popularidad que se vendría abajo un año después, con el brutal asesinato de su mujer e hijo nonato, y no faltaría quien señalara esta película como "culpable" de tal tragedia.
Sin embargo, al paso de los años, la cinta y su historia han sobrevivido todos los embates y sigue siendo considerada como un ejemplo de cómo estremecer a las audiencias sin una sola gota de sangre, sólo con lo monstruoso asomándose apenas en la orilla del ojo.

Comentarios

  1. Es interesante, no me arepiento de averlo leido, pues mas me aclaro muchas dudas que tenia para investigar este caso.

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  2. esta super padre y ojala y mas opinaran.Ademas este caso es muy importante.

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