lunes, 25 de mayo de 2009

Clive Barker

Milenio Diario/El Ángel Exterminador.

Verónica Maza Bustamante.

Clive Barker
Letras de sangre y miedo

3-Nov-03

“He visto el futuro del terror y su nombre es Clive Barker”, dijo hace tiempo Stephen King en una muestra de humildad con una gran dosis de verdad, porque el autor británico que inició su carrera con tan buenas credenciales no sólo transformó el género de horror en la década de los 80 sino que fue por más, convirtiéndose en director de cine y teatro, pintor y escritor de cómics

El miedo, dice Clive Barker, es un lugar donde puedes decir la verdad. Tiene razón. El miedo no te permite otra cosa. Saca lo mejor o lo peor de ti, te lleva a realizar actos que jamás imaginaste y a reaccionar de maneras insospechadas, incluso aunque creas que estás preparado para recibir su impacto.

Pero el güerito británico va más allá: asegura en uno de sus cuentos que no hay placer como el terror. Ante esta sentencia, muchos pondrían el grito en el cielo. “Estás enfermo”, te dicen cuando reconoces que te gusta leer historias de terror, y mientras más gore —como las de Baker—, mejor.

Pero el miedo, y el terror que éste te provoca, están ahí, a la vuelta de la esquina. “Si fuera posible sentarse sin ser visto entre dos personas en cualquier tren, sala de espera u oficina, la conversación entreoída rondaría una y otra vez por este tema.

Podría parecer que se trata de algo completamente distinto: el estado de la nación, una charla despreocupada sobre las muertes en carretera, la subida en los precios de los dentistas. Pero poniendo al desnudo la metáfora, la insinuación, ahí, encerrado en el corazón del discurso, se encuentra el terror”, escribió Clive en una de las historias plasmadas en sus Libros sangrientos. Y lo dio a entender más recientemente Michael Moore en Masacre en Columbine: el miedo es el culpable de muchos actos espeluznantes.

Quizá por eso la fama de Barker subió como la espuma en la década de los 80: porque cuando Stephen King (quien, sin embargo, sigue siendo el maestro de maestros) nos hacía estremecer con sus historias de perros y carros asesinos, Clive llegó para decirnos que la capacidad de provocar terror estaba encerrado en personas comunes y corrientes, en aquellos que saludabas todas las mañanas, en quienes veías despedirse amorosamente de sus hijos en la entrada de la escuela, en las virginales chicas que todos desean, en aquellos que supuestamente debían defenderte.

También nos demostró que hasta los peores asesinos tienen su propio —y más sangriento— cazador y que incluso nuestro cuerpo podría revelarse contra nosotros para hacernos vivir, literalmente, una historia de terror.

Con títulos como “El tren de la carne de medianoche”, “El blues de la sangre de cerdo”, “Nuevos asesinatos en la calle Morgue” y “La vida de la muerte”, el ganador de los World y British Fantasy Awards rompió la fórmula de Peter Straub y Ramsey Campbell, atreviéndose a narrar con pelos y señales lo que su imaginación le dictaba. Sangre a borbotones, la carne humana que se rasga y alimenta a los padres primigenios de una ciudad, el sexo como un caníbal autónomo que no sólo se sacia con las pasiones ajenas, las manos que un día se revelan contra su dueño, las monjas barbudas que protegen la estabilidad mundial. Personajes extraños pero que parecen estar rodeándonos todo el tiempo se encuentran ahí.

Sin embargo, algo le pasó a Barker más recientemente. Después de ese fenomenal inicio, de esa serie de Libros de sangrientos (que incluye seis tomos, aunque en México la editorial Planeta lanzó tres a finales de los ochenta y Roca los restantes pero bajo el título de Sangre), su presencia quedó opacada por la de otros e incluso muchas de sus historias, plasmadas en larguísimas novelas, dejaron de tener la fuerza de sus textos cortos.

Tal vez pasó que, veinte años después de su aparición en el mundo literario, la realidad superó a la ficción y el miedo llegó a todos de una manera menos entretenida que a través de un libro.

De cualquier manera, este hijo de Penny Lane (nació en Liverpool, muy cerca de esta calle, en 1952) no se ha conformado con lo que el destino, la crítica o la industria han querido darle. Ha brincado de las letras al cine (no siempre con éxito), a los cómics (volviendo a la serie Night Breed en una obra de culto) y a la pintura, donde continúa con el tema de lo extraño, lo diferente, el horror y la locura, creando imágenes que en algunos casos resultan perturbadoras.

En sus inicios dirigió teatro, escribiendo obras en donde ya incluía los elementos fantásticos, eróticos y terroríficos. History of Devil, Frankenstein in love, Subtle Bodies y The Secret Life of Cartoons, pasaron del escenario a un libro, Pandemonium.

De las películas basadas en su obra o dirigidas por él mismo, la que tuvo mayor trascendencia fue Hellraiser, basada en una novela llamada The Hellbound Heart. Dirigida por él mismo, tuvo un éxito impresionante, pero el problema fue que, engolosinados, los productores quisieron seguir explotando la fórmula y, lejos ya de la mano de Barker, sacaron secuelas (van cinco películas) que terminaron por convertir a Pinhead, el personaje principal, en una absurda caricatura de lo que era, causando más risa que miedo.

Además, Clive también creó la historia original para la película Candyman: Farewell to the Flesh y tuvo buena suerte con Razas de noche, que transmiten con frecuencia por televisión.

También se acercó a la literatura infantil con The thief of always, libro con influencia medieval que el mismo ilustró, y a los videojuegos, ya que se unió a Dream Works para lanzar Undying, un shooter desarrollado en primera persona narrado en una atmósfera de terror gótico con grandes dosis de acción dentro de una complejísima trama argumental.

Recientemente, Clive publicó dos libros, Coldheart Canyon —una historia de fantasmas ambientada en Hollywood, donde se mezcla el glamour con las mentiras, la belleza y el poder con las conspiraciones y la muerte—, y Abarat, una novela de corte fantástico que incluye cien ilustraciones del autor.

Barker, quien nunca ha escondido sus preferencias homosexuales, se define a sí mismo de la siguiente manera: “Siempre me he sentido como un Otro. No siento lo mismo que los demás, y quiero enviar mis mensajes desde la frontera. Amo al mundo porque es rico y contradictorio y paradójico y extraño.

Lo amo porque nunca podré entenderlo y abarcarlo del todo, y porque hay tantísimas cosas que ignoro y desconozco. Y eso corre tanto respecto a la diversidad de la sexualidad de las personas y el color de su piel, como al mundo animal y la diversidad de formas culturales. En otras palabras, pienso que siempre deberíamos tratar de amar y respetar lo que es distinto”.

Probablemente ahí se encuentra la clave. Para muchos, lo distinto es una fuente inmensa de miedos y terrores. Si aprendiéramos a entender esas diferencias, el pánico abandonaría la vida cotidiana y se volvería un disfrutable tópico de historias como aquellas que tan bien ha creado Clive Barker.